| Crítica: ¿sincera o mordaz? |
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Quizá nos es muy fácil el poder hablar a las espaldas de otra persona. Es en muchas ocasiones preferible el aparentar ser buenos amigos aunque apuñalemos cuando no nos vean. Quizá es más cómodo para nosotros. El problema es cuando nuestro comentarios se ventilan y quedamos en ridículo ante los demás. Siempre me ha gustado que me digan mis defectos para intentar enmendarlos. Admito que es difícil aceptarlos, pero la autoreflexión ayuda en demasía. Sin embargo, en muchas ocasiones, quizá más de las que me imagino, he sido blanco de críticas en torno a mi familia, trabajo o persona. Hace algunos días recibí una de ellas. No diré el pormenor, ni mucho menos al infractor. Simplemente diré que he aprendido una lección: la crítica lastima y mitiga nuestros deseos de avanzar. Han pasado varias cosas que me han permitido recuperar los bríos, pero me he quedado pensando en aquellas personas de quienes quizá he hablado improperios consciente o inconscientemente. Sé que es duro, pero en esta ocasión deseo que aquellos a quienes he proferido comentarios nefastos puedan perdonarme. El mensaje de hoy es sencillo. Utilicemos la crítica para ayudar. De lo contrario terminaremos como María, siendo avergonzados, quizá enfermos y con el deseo de no haber levantado nuestra voz contra otras personas. Que Dios nos ayude a utilizar nuestras bocas para bendecir y que nuestra lengua solo profiera palabras de encomio hacia nuestros semejantes. Busca primero el reino de Dios... Lo demás es lo de menos. Ptr. Raúl Hiram González del distrito de San Andrés de la Asociación Veracruzana del Sur |










