Usuarios en linea

Tenemos 2 invitados conectado(s)

Siguenos en Twitter

Radio Adventista

 
 

TV Adventista



UN NUEVO AMANECER, EN EL ATARDECER PDF Imprimir E-mail

“No puedo dormir, la culpa me acosa, por las noches despierto y siento que el enemigo se burla de mí, escucho pasos, mi corazón late, recuerdo un salmo, trato de repetirlo, pero mis labios no atinan a pronunciar palabra, me desespero, vuelvo a la cama… y por la mañana abro mi biblia, busco mi lección, trato de leer, pero no puedo, ya no hablo con Dios, me siento perdida, no soporto más, ya no se qué hacer, ya no hay marcha atrás, ya es demasiado tarde…”

 

 

Fueron esas las palabras que aquella mañana me confesara una joven a su corta edad, pude ver el dolor y sufrimiento en sus ojos, conoció a Cristo en su adolescencia, lo aceptó como salvador, desempeñó cargos en la iglesia, tenía una vida plena en Cristo y era feliz, conoció a un joven, lo evangelizó, se casó con él, creyó que tendría a la familia perfecta, pero todo cambió, él la engañó, cambió su vida al lado de ella por unirse a alguien de su mismo sexo, los meses siguientes a esa gran declaración por parte de él, ella estaba dolida, y no se recuperó de aquel golpe. Su familia le apoyó, pero no fue suficiente y entonces su vida cambió.

Se alejó de Dios, le reclamó, imploró, lloró, y cayó en una depresión tan profunda que el enemigo se apoderó de ella, salió de su casa para llevar una vida desenfrenada y vacía, pasó tiempo con malas compañías, bebió, fumó, llevó una vida prosaica y de placer, fiestas a altas horas de la noche con diferentes compañeros sexuales, relaciones de “noviazgo moderno” con personas de ambos sexos, su vida era un desastre, su corazón manchado, su espíritu, alma y cuerpo separados de Dios.

El primer paso, ya lo había dado, estaba aceptando su condición pecaminosa, pero aún faltaba algo, la biblia dice que “si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).” No es suficiente solo reconocer que nos equivocamos, necesitamos un plan de acción, confesar, ir a Jesús pese a que nos sintamos manchados, perdidos, alejados, Él siempre estará dispuesto a escucharnos y a levantarnos, como dice el salmista “Al corazón contrito y humillado no desprecias tu oh Dios(Salmos 51:17)”.

Por otro lado, la historia de otra chica, no en mejores condiciones, cristiana de nacimiento, toda una vida en la iglesia, participando, teniendo los mejores cargos, pero en un momento de su vida flaqueó, amistades que no eran buena compañía, dejó de ir a la iglesia, profanó el día del Señor, mintió, llevó una vida de fornicación, y lo único que consiguió fue dolor, desesperación, las mejores experiencias de su vida, las desperdició, lloró, imploró, sabía que nada podía cambiar ya, que el pasado estaba escrito, pero aceptó su condición, y a diferencia de la otra, buscó de rodillas a Dios, sentía que sus oraciones no llegaban, pero insistió, clamó tanto y Dios la escuchó, reclamó aquella promesa de Miqueas 7:19 “¿Qué Dios como tú? Que perdona la maldad y olvida el pecado... El volverá a tener misericordia de nosotros, sepultará nuestras iniquidades y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” Y el Señor la oyó y la perdonó.

La primera chica no entendió que aún había tiempo para volver a Dios, la última comprendió que por más errores que hubiese cometido, aún había tiempo, no era demasiado tarde después de todo, era posible que Dios le diera un nuevo amanecer en su vida, aún en el atardecer, y lo creyó, volvió a Dios y El la perdonó. Querido amigo, sin duda que como cristianos no estamos exentos de sufrir, errar, llorar, apartarnos de Dios, pero por mas manchas de pecado que tengamos es n ecesario recordar Isaías 1:18, “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta; si vuestros pecados fueren como la gran a, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”.

No importa cuán bajo has caído, no importa si no has podido levantarte, basta solo mirar una vez más hacia arriba, aceptar tu condición humana, confesar tus pecados, recibir el perdón de Dios y perdonarte a ti mismo. No importa la edad, no importa cuántas veces hemos pedido perdón, Dios está dispuesto a darnos un nuevo amanecer, aún en el atardecer.

“Yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mi mismo, y no me acordaré de tus pecados” Isaías 43:25

Esmeralda Domínguez Domínguez,

Nos escribe desde Catemaco, Veracruz, actualmente es miembro de la iglesia del Centro, perteneciente a la Asociación Veracruzana del Sur de  la Union Interoceanica, ella se desempeña como Directora de la división de Menores. Es docente de Preescolar en el Centro Educativo Morelos.

 
RocketTheme Joomla Templates