| Más allá del techo |
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Todo el mundo necesita orar y muchas veces no es que no sepamos que necesitamos hacerlo, todo el mundo sabe que el poder llega a través de la oración. Orar, dice Elena de White, “es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo.” Orar es nada más y nada menos que conversar con un amigo, A los amigos les gusta conversar. Si alguien no tiene deseo de conversar con su amigo, no es porque ignore el hecho de que los amigos necesitan conversar. El problema está en su relación con el amigo. Alguna cosa anda mal. Alguna barrera fue creada. La amistad está alterada y la solución no consiste en leer libros u oír sermones que señalen el deber de conversar con un amigo. Es preciso que le enseñen como resolver el problema con su amigo, para que la amistad vuelva a ser lo que era antes. La base de una conversación entre amigos debe estar cimentada en la sinceridad. En una relación de amigos verdaderos no hay lugar para fingimientos e hipocresía. Descubrir que alguien a quien quieres mucho es hipócrita contigo es muy doloroso. Cristo nos ama y espera que en nuestra relación haya, sobre todo sinceridad. Esto es lo que dijo en el sermón del monte. “Cuando oren, no sean como los que fingen...no queden recitando siempre la misma oración.”[1] El nos pide que nuestra oración salga del corazón y no solo de la boca. Los niños suelen identificarse Ese es nuestro problema. No somos sinceros, siempre decimos lo mismo porque estamos acostumbrados a hablar así. Nos levantamos y agradecemos la “buena noche” aun cuando nos costó conciliar el sueño, cuando pasamos la noche girando por la cama o nos hayamos despertado con dolor de espalda; pero agradecemos “la buena noche de reposo”. Tenemos casi memorizada nuestras oraciones matutinas, las de comida y las nocturnas, aun cuando no estamos con la misma voluntad de orar, pareciera que nos arrodillamos por disciplina, generalmente no dura más de 2 min y es entonces cuando experimentamos la extraña sensación de que nuestra oración no pasó del techo. En nuestras oraciones no debemos programar a Dios únicamente para asuntos espirituales, tenemos que permitirle que participe en nuestra vida diaria: de nuestro noviazgo, de nuestro trabajo, la escuela, de aquello que llevamos dentro del corazón y que no tendríamos el valor de contarlo a alguien más. Tenemos que ser específicos, muchas veces al terminar el día oramos: “Señor perdona mis pecados.” Pero cuanto tiempo lleva decir esto? Porque no contarle la lucha que hay antes de ceder a la tentación, como nos sentimos después, que lección pudimos sacar de todo ello y sobre todo aspectos que necesitamos que el restaure en nuestra vida. No necesitamos hacerlo con rapidez, no estamos cumpliendo con un deber y a medida que el tiempo pasa y la amistad con Cristo va profundizándose, nuestro periodo de oración se hará seguramente más placentero y prolongado. Nuestra confianza en él será cada vez mayor, al punto de llegar a tener una experiencia tan particular con él que, posiblemente los demás no puedan comprender. ¿Conoces la historia de Gedeón? El era un hombre de oración, conocía a su amigo y hablaba con él. Un día se encontró en una situación de conflicto y no sabía con precisión qué decisión tomar. Dios nunca le había fallado, “Señor-dijo Gedeón-, necesito una señal. Voy a dejar este pedazo de lana en la era; si el rocío estuviese solamente en la lana y toda la tierra queda seca, entonces sabré que tú quieres que yo vaya.”[2] Y Dios, el amigo, respondió al pedido.
Gedeón no jugaba con Dios, el tenia una relación personal con El. En aquella ocasión Gedeón consulto de esta manera a Dios porque no quería errar en su decisión. El pidió la señal y el amigo respondió. Quizá tú piensas que eso no sucede más en nuestros días, eso es una historia bíblica. ¿Por qué debe ser así? Desde entonces y hasta ahora nuestro Dios no cambio. Continúa siendo el mismo, continúa deseando una relación de amigo a amigo contigo y conmigo. Todo lo que necesitamos es aprender a conversar y a convivir con él. Es tan sólo amarlo y abandonarse en sus brazos. Hacer de Dios nuestro mejor amigo, es la mejor decisión que podemos tomar en nuestra vida. ¿Tienes ese deseo de hablar con Dios? No te limites, Dios te esta esperando para escucharte atento, solo hace falta que vuelvas la mirada hacia él para hablar contigo. Y ahora tu también ¿ tienes el deseo de que tus oraciones lleguen más allá del techo?. Decisión
Adriana Suárez Castillo, Nos escribe desde la Ciudad de Mexico, actualmente es miembro de la iglesia de Monumento, perteneciente a la misión Azteca, ella se desempeña como maestra de la división de infantes. |











