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La Voz del Espiritu PDF Imprimir E-mail

Algunas reflexiones anteriores hablamos sobre “Andar con Dios”, que él nos considera justos y santos, no porque nunca pequemos, sino en la medida en que nos tomamos del brazo poderoso de Cristo y caminamos humildemente con él. El Espíritu Santo es el representante de Cristo hoy y aquí. Andar con Dios en realidad significa andar con el Espíritu Santo. Andar con Cristo cada día  en una relación de amor no es otra cosa que permitir que el Espíritu de Dios nos guíe. Aquí se habla de una relación intima. No puede existir separación entre el espíritu y nosotros. Dentro de nosotros, donde ninguna partícula de aire nos pueda separar.

Aceptando su presencia en nuestro corazón es cómo podremos andar con Dios. Permitiendo que él ocupe cada rincón de nuestro ser es como podremos caminar con Cristo.  ¿No es maravilloso?

El Espíritu Santo, mi querido amigo, es hoy nuestra más urgente necesidad. El día en que él llene nuestra vida, el día en que le entreguemos las llaves de nuestro corazón y le permitamos tomar posesión de cada milímetro cuadrado de nuestro ser, nuestra vida será transformada así como la vida del desierto se transforma después de una lluvia torrencial.

  • Las vidas secas florecerán.
  • Las vidas fracasadas se tornarán victoriosas.
  • Las improductivas producirán
  • Los corazones tristes y desanimados tendrán brillo de la alegría y la esperanza.
  • Los vicios serán vencidos, las cadenas de los hábitos que nos someten serán quebradas.
  • La voz del Espíritu es el grito de la libertad, es el canto  de la victoria.

Si fuéramos sensibles a los constantes llamados del Espíritu Santo, no correríamos el riesgo de errar…Isaías 30:21 dice: “Si te desvías a la derecha o a la izquierda, oirás detrás de ti una voz que te dirá: “Este es el camino. Anda por él”.

El éxito de nuestra vida dependerá  de nuestra sensibilidad para prestar oídos a esa voz. Ella estará siempre hablándonos al corazón. Consolándonos cuando estemos tristes, confortándonos cuando estemos desalentados, iluminándonos cuando estemos en duda, aconsejándonos cuando nos estemos desviando del camino.

Así es como se anda con Dios, haciendo caso a la voz del Espíritu de Dios, que nos habla la mayoría de las veces a través de lo que llamamos conciencia, es la forma de prendernos del brazo de Cristo y andar con él.

Pero qué pasa cuando dejamos de escuchar esa voz?

Luis es un joven que nació en la iglesia, miembro activo, dedicado, como todo joven tiene amigos en la universidad y lo invitan a fiestas, la primera respuesta de Luis ante las invitaciones es “NO” pero los días pasan y los amigos insisten y entre los chicos que irán a la fiesta esta la muchacha que le gusta a Luis, el escucha una voz diciendo “VE”  y otra diciendo “NO VAYAS” , el no puede negarse a ir, entonces acepta la invitación, pero mientras él se dirige a la reunión el escucha una voz que le dice: “ Luis no puedes hacer eso, hoy no es para eso. Este es un día dedicado al Señor. Donde tienes que estar es en la reunión de jóvenes.” Pero el continua hacia delante, pero no deja de escuchar la voz hablando a su corazón. Llega a la fiesta, escucha la música, ve a los chicos tomar alcohol, fumar, el se siente mal y no lograr quedarse ahí, regresa a casa, corriendo y se hecha en la cama a llorar, y escucha aun la voz preguntando porque lastimo el corazón de su amigo Jesús, de un tiempo para otro, las invitaciones son más constantes y es cada vez más difícil negarse,  pero sigue sintiendo ese dolor cada vez que regresa a casa, pero cada vez Luis intenta no escuchar esa voz con el correr de los días, se va silenciando…silenciando…silenciando…hasta que un día no habla más.

Para el ya no existe la iglesia, los valores, intenta justificar sus actitudes y piensa que todo el mundo está equivocado, que la iglesia es muy rígida y fanática, que todo depende de la cabeza de cada uno y así comienza a defender el error.

¿Dónde esta la voz que le habló tan fuertemente a su corazón al punto de llevarlo a abandonar la reunión, correr a la cama y llorar en aquella primera ocasión? ¿En dónde está la voz del Espíritu Santo que tantas veces le hablo, le suplicó y le imploró?

Nuestro corazón es como la palma de la mano. Si no estás acostumbrado a trabajo pesado y tomas una herramienta muy caliente seguramente te dolerá la mano, si suspendes la actividad tu piel seguirá suave y sensible, pero si sigues con ese trabajo, te saldrá una ampolla, la ampolla se reventara y con el tiempo, poco a poco irá formando una piel gruesa, insensible y no sentirás dolor.

El dolor que sentimos en el corazón cuando comenzamos a recorrer caminos equivocados en la voz del Espíritu Santo. Pero si no le hacemos caso, el dolor irá disminuyendo poco a poco hasta que quedamos con el corazón encallecido. Entonces ya no hay más dolor.

Pero el amor de Dios es un amor infinito, misterioso e incomprensible. A pesar de nuestros errores, de nuestra obstinación, de nuestra rebeldía contra la voz de su Espíritu, él nos continúa amando. Dios perdona nuestros pecados siempre y cuando reconozcamos que somos pecadores, pero muchas veces sentimos que no somos pecadores, que todo está bien, como no hay nada que  duele, no hay nada que afecta, ya no siente la voz del Espíritu hablando y por lo tanto vive anestesiado en su pecado.

Estos pecados son imperdonables no porque Dios no los quiera perdona, sino porque el hombre no acepta su perdón.

¿Sera que estamos o estuvimos en esta situación? ¿Nos sentimos comodos o aun tenemos ese dolor ardiente en nuestro corazón? ¿Qué hacer si hoy, por no haber prestado oído tantas veces a la voz del Espíritu, ella ya no me habla al corazón con la misma intensidad con que me hablaba antes? ¿Hay esperanza para mí? El Señor Jesús responde: “Si mi querido hijo, la hay. Yo nunca te dejare de amar, mi Espíritu siempre estuvo contigo. Ven, ahora, a mis brazos de amor.”

En este momento es posible que la voz de Dios este ardiendo en tu corazón como una gran fogata. Si es así, agradécele a Dios y pídele que siga iluminando y dirigiendo tu vida.

 Es también posible que la voz de Dios haya llegado a ser tan solo un pequeño fuego en tu vida ¿Y qué pasa si solo es una chispa en tu vida? Por favor no dejes que esa chispa desaparezca, aférrate a ella desesperadamente, esa chispa después se transformara en una fogata viva y ardiente, formando una gran hoguera de vida.

El fuego del Espíritu es nuestra garantía de victoria. El terminará en nuestra vida la obra redentora de Cristo. Ser llenos del Espíritu es dejarnos guiar por su voz, seguir su consejo, obedecer sus orientaciones ¿Estamos dispuestos a hacerlo?

 

Adriana Suárez Castillo,

Nos escribe desde la Ciudad de Mexico, actualmente es miembro de la iglesia de Monumento, perteneciente a  la misión Azteca, ella se desempeña como maestra de la división de infantes.

 

 

 

 
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