| Dos Naturalezas |
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Pero, ¿Por qué a partir de ese momento en que nos entregamos a Cristo nuestra lucha se hace más grande y el conflicto aumenta? Muchos tienen la idea que en la hora de la conversión Dios saca de nosotros la naturaleza pecaminosa y la tira fuera para siempre, colocando en sustitución la nueva naturaleza que se complace en amar y obedecer. Esto no es completamente verdad, que maravilloso que fuese así. Que nunca más tendríamos deseos de pecar y nuestras vidas serían como la de Adán y Eva antes de la caída. Trágicamente las cosas no suceden así. Al convertirnos Dios coloca dentro de nosotros una nueva naturaleza, la naturaleza de Cristo. Y entonces ¿Qué es lo que pasa con la vieja naturaleza pecaminosa, la naturaleza de lobo? Ella no sale, no desaparece como muchos piensan, ahora pasamos a ser personas con dos naturalezas: la naturaleza de Cristo, nueva, recién instalada y la vieja naturaleza pecaminosa que continúa dentro de nosotros. El ideal sería que la vieja naturaleza permaneciese siempre “mortalmente herida”. Pero esta situación no es definitiva, en el primer momento que reciba alimento, resucitará, y si continúa siendo alimentada, recuperará completamente fuerzas y luchará para expulsar de nuestras vidas a la nueva naturaleza. Es por eso que después de la conversión la lucha aumenta. Existe mucho más conflicto en una persona después de su conversión de lo que antes existía. El hombre sin Cristo tiene una sola naturaleza, la naturaleza con que nació, y esa naturaleza hace las cosas equivocadas en el momento que quiere. No existe nadie para oponérsele. No existe lucha, no hay conflicto. Pero tú que entregaste tu vida a Cristo, experimentaste el milagro de la conversión, tienes ahora una nueva naturaleza que se opone a la vieja. ¿Entiendes ahora por qué la vida de un hombre inconverso puede parecer más fácil? Ese hombre tiene una sola naturaleza y ella asume el control de su vida. Pero enseguida después de la conversión, cuando el hombre piensa que la vieja naturaleza desapareció, descubre que continúa dentro y el conflicto comienza. ¿Conoces la historia del apóstol pablo? Hubo un momento de su vida en que llegó al borde de la locura. En romanos 7: 15-23, dice: “No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, y en cambio aquello que odio es precisamente lo que hago, Así que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que hay en mi...En mi interior me gusta la ley de Dios, pero veo en mi algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está dentro de mí y me tiene preso” ¿Entiendes? Dos naturalezas, dos fuerzas que luchaban dentro de él. Una lucha que lo llevo a la desesperación, porque en el versículo siguiente clama: “Que triste situación en la que me encuentro! ¿Quién me libertará de la esclavitud de la esclavitud mortífera de esta naturaleza pecadora?” Pablo ya era convertido y ahora sentía la lucha de sus dos naturalezas. Las dos naturalezas están luchando hoy pero solo una vencerá. Una de ellas asumirá el control completo de tu vida. Una de ellas morirá ¿Pero cómo saber cuál de ellas será la victoriosa? Vamos a verlo de la siguiente manera:
Cuando llegue el momento de la confrontación ¿Quién ganará? ¿Tienen alguna duda? Sabes bien que será la mejor alimentada quien ganara la pelea. Eso es lo que acontece en la lucha de nuestras dos naturalezas. Solamente una de ellas asumirá, finalmente, por completo, el dominio del territorio. Y sin duda será la haya sido la mejor alimentada. Ocurre que los humanos, generalmente, alimentamos más a la naturaleza pecaminosa y esa es la causa de nuestro fracaso constante, y eso aun después de nuestra entrega a Cristo. Dios realizó en nosotros el milagro de la conversión, implanto en nuestro corazón la nueva naturaleza, pero nosotros no la cuidamos, no la alimentamos, y en consecuencia, la vieja naturaleza está siempre tomando el control de nuestra vida. ¿Cómo alimentamos las naturalezas? A través de los 5 sentidos, todo lo que entra a nuestra mente a través de los sentidos alimenta a una u otra naturaleza Nuestra victoria depende en cierto modo aprender a convivir con ambas naturalezas ¿Cómo? Alimentando la naturaleza de Cristo y matando de hambre a la otra. El apóstol Pablo descubrió el secreto del alimento, el ya no alimentaba a la naturaleza vieja. La naturaleza de Cristo había asumido el control de su vida. En gálatas 2:20 dijo: “ Yo mismo no vivo más; sino Cristo vive en mi” Tú y yo también podemos hacer esto Yo quiero que la naturaleza pecaminosa salga de mi vida, que domine en mi vida la naturaleza de Cristo y tú ¿Cuál quieres que sea la naturaleza que domine tu vida?
Adriana Suárez Castillo, Nos escribe desde la Ciudad de Mexico, actualmente es miembro de la iglesia de Monumento, perteneciente a la misión Azteca, ella se desempeña como maestra de la división de infantes.
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