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¿Tendrías el coraje de no amarlo? PDF Imprimir E-mail

El amor tiene el extraño poder de cautivar. El amor engendra amor. Nadie resiste al magnetismo del amor. Todos nos sabemos el pasaje de Juan 3:16, “Porque de tal manera amo Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo aquel que en él crea, no se pierda más tenga vida eterna” Cristo nos amó de tal manera que lo mínimo que podemos hacer es amarlo también.

Pero, ¿Por qué el ser humano no consigue amar a Dios?  A veces  no entendemos lo que él hizo por nosotros. Constantemente decimos que él murió en la cruz para salvarnos, pero me temo que no entendemos plenamente lo que eso significa. Hemos oído con tanta frecuencia esa frase desde que éramos pequeños que posiblemente nos hemos acostumbrado a ella y ahora pudiera parecer insignificante.

El día que comprendamos lo que realmente sucedió aquella tarde en la cruz del calvario, nos haremos la pregunta ¿Cómo tendría el coraje de no amar a quien tanto me amo?

Pero, ¿Qué fue lo que aconteció allí?

Vayamos al Jardín del Edén. Al crear Dios al ser humano, le dio la orden: “De todo árbol de huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”

En pocas palabras, la obediencia merece vida, la desobediencia merece muerte.

El hombre pecó, todos nosotros pecamos y, en consecuencia, nuestra recompensa debía ser la muerte. Teníamos que morir “La paga del pecado es la muerte” pero sucede que el ser humano no quiere morir.

“Padre, perdóname, yo pequé, merezco morir pero, por favor, no quiero morir” .

Esta súplica del hombre le crea un conflicto a Dios, porque él es Dios, y su palabra no cambia. Si el hombre pecó, tiene que morir, pero él ama al ser humano, y no puede permitir que el hombre muera. ¿Qué hacer? Si hubo pecado, tiene que haber muerte, y “ sin derramamiento de sangre no se hace remisión”

Alguien tiene que pagar el precio del pecado en lugar del ser humano. Y aparece la figura majestuosa del Hijo de Dios. Dios hecho hombre, tuvo las mismas luchas que tienes tú. Experimento tus tentaciones, y es por eso, y no simplemente porque es Dios, que él esta mas dispuesto a amarte y comprenderte que a juzgarte y condenarte. 

La biblia dice “ Fue tentado en todo, según nuestra semejanza, pero sin pecado” y por principio de retribución, no peco y merece la vida. El principio de retribución no impide que haya sustitución, siendo así, la muerte que el hombre merece la recibió Cristo. Un canje de amor. Alguien murió en nuestro lugar para salvarnos. Me parece que si alguien entendió alguna vez en toda su plenitud la expresión “Cristo murió en mi lugar”,  fue Barrabas. Sencillamente sin creerlo, él, el malviviente estaba libre. Y aquel Jesús manso y sin malicia, que solo vivió sembrando amor, devolviendo salud a los enfermos y vida a los muertos, estaba allí pata morir en mi lugar. Quizá barrabas pensó que jamás tendría las palabras suficientes para agradecer que Cristo se cruzará en su camino, porque si él no hubiera llegado, Barrabas seguiría condenado a morir.  Barrabas era libre y Cristo seria crucificado, Ya no había más tiempo para llamar al carpintero y pedirle que elaborara una cruz para Cristo, además allí estaba una cruz disponible, con las medidas de otro, y aquella tarde triste Cristo estaba cargando una cruz ajena, porque para él nadie jamás preparo una cruz ¿sabes por qué? Simplemente porque no merecía una cruz.  Cristo al ser hombre poseía el instinto de conservación y tenía miedo de morir, pero su amor por ti y por mí, fue mayor al miedo y deseo de conservar su vida, él quería concluir la misión por la cual se había convertido hombre.

Dio su vida con el deseo de encontrarnos un día en el cielo, no solo para que formáramos parte de una congregación.

Un pastor cuenta su historia de pequeño, a él le gustaba saltar la cerca y tomar manzanas del jardín de su vecino. Un día su madre lo llamo y, mostrándole una vara verde, le dijo :”

-¿Ves esta vara?

-Si, mamá

-Si vuelves a tomar una manzana del vecino, voy a castigarte con esta vara. ¿Entendiste?

-¿Si, mamá?

Los días pasaron, las manzanas cada vez estaban más rojas y el muchacho no consiguió resistir la tentación…comió manzanas hasta más no poder. Lo que no esperaba era que al volver a su casa su mamá lo estaría esperando con la vara en la mano. Tembló. Sabía lo que iba a sucederé, casi sin pensar suplicó:

-Mamá, perdóname.-dijo el hijo entre lágrimas

-No, hijo, yo dije una cosa y tendré que cumplirla

-Mamá por favor, te prometo que volverá a pasar.

-No puedo hijo, tendrás que recibir el castigo

-No, mamá!

-Entonces, solo existe una solución, hijo mío

-¿Cuál?

La madre entrego la vara, y le dijo:

-Toma la vara, hijo mío. En lugar de castigarte yo a ti, tú vas a castigarme a mí. El castigo tiene que cumplirse, porque la falta existió. Tú no quieres recibir el castigo, pero como yo te amo tanto estoy dispuesta a recibir el castigo por ti

 

¿Entendiste el mensaje?

Eso es exactamente lo que pase entre Dios y nosotros cuando después de pecar, suplicamos perdón.

Pero nosotros tuvimos el coraje de crucificar a Jesús con nuestras actitudes. Y el no dice nada, como cordero es llevado al matadero y como oveja muda delante de sus trasquiladores, no reclama, no piensa en justicia, solamente muere, muere por las llamas de un amor misterioso, incomparable e infinito

 

Aquella tarde Cristo estaba cargando mi cruz. Era yo quien merecía morir, pero él me amo tanto que decidió morir en mi lugar y ofrecerme el derecho a la vida, el derecho que él, como hombre había conquistado. Yo nunca tendré palabras necesarias y suficientes para agradecer aquel grande sacrificio, el morir por mi aun siendo pecadora. Pero, “¿Cómo tendría el coraje de no amar a alguien que me ama tanto?”

 

 

 
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