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¿Dentro de la iglesia y perdido? PDF Imprimir E-mail

¿Es posible estar dentro de la iglesia y estar, al mismo tiempo, perdido? Lamentablemente, si. Existen los que están perdidos haciendo lo que no deben cuando nadie los ve, pero también están aquellos que hacen todo correctamente, que cumplen aparentemente todo lo que la iglesia demanda; que viven preocupados solamente por los detalles externos de los reglamentos y las normas, pero que están igualmente perdidos.

 

Muchas veces nos preocupamos con las normas, las leyes y los reglamentos. “NO PUEDES HACER ESTO” “HACER ESO ES PECADO” “HACER AQUELLO TAMBIEN ES PECADO”

El hombre rico, era como  cualquier miembro de una de las iglesias de hoy en día. Desde pequeño sus padre y maestros le habían enseñado a cumplir fielmente las normas, eran miembros preocupados solo con la imagen de la iglesia. Aparentemente era un hombre de buen comportamiento, activo en la iglesia y podía ser señalado como un hombre ejemplar; pero allá en el fondo alguna cosa no andaba bien. No era feliz, tenía la sensación de que estaba perdido. Cierto día anunciaron la llegada de Jesús a su ciudad y el hombre rico quedó emocionado al ver la escena en donde Jesús acariciaba y besaba a los niños, esa no era la imagen que él se había formado del Hijo de Dios. Por primera vez sintió el deseo de abrirle su corazón a alguien. Corrió cuando Jesús estaba saliendo ya de la ciudad y se arrodilló delante de él y pregunto “Señor que debo hacer para heredar la vida eterna?”

En realidad lo que él estaba diciendo era: “¿Qué tengo que hacer para ser salvo? Siento que estoy perdido”

¿Por qué se sentía así? ¿No era acaso, un buen miembro de iglesia? ¿No cumplía todas las normas? Ah! Amigo mío! Nunca cumplir sólo externamente los mandamientos fue sinónimo de salvación.

Jesús le dijo: “… Ya conoces los mandamientos. No cometerás adulterio, no mataras, no hurtaras, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”

A lo que el hombre rico contesto:“Todo eso lo he guardado desde mi juventud”

El hombre rico parecía no querer ofrecer más de lo que ya había dado, pero sin duda Jesús lo amaba. El te ama a ti. El te comprende. En este momento tú eres lo más importante para Dios. Tú con tus luchas, con tus fracasos, conflictos, dudas e incertidumbres; tú con tu deformación del carácter, con tu temperamento tan irascible, eres el objeto de todo su amor y cariño.

Sabes cuál era el problema de ese hombre rico? El se preocupaba más por cumplir las normas que por amar realmente a Jesús, en su corazón solo había lugar para su dinero, estaba dispuesto a guardar los mandamientos pero no a amarlo

De nada vale en este caso guardar los mandamientos, cumplir las normas; si no lo amamos, mientras sigamos haciendo las cosas así ese sentimiento de vacio permanecerá en nuestros corazones.

¿Sabes cuál es nuestro drama en nuestra vida espiritual? ¿Sabes por qué a veces nos sentimos infelices en la iglesia? Porque nos falta amor por Cristo. Algunos estamos en la iglesia por nuestros amigos, por el club, las reuniones de jóvenes, porque la doctrina nos convenció.

En cierta ocasión una mujer de edad avanzada conto su historia…

Había vivido 60 años en matrimonio con su esposo, fue la esposa perfecta, pero nunca fue feliz,  pero ¿Por qué no fue feliz? “Porque yo no ame a mi marido”

¿Pero, entonces por qué se casó? “Por que cuando yo era jovencita, una no elegía a su marido, me casé por obediencia  a mis padres…”

¿Cómo ser feliz al lado de alguien a quien no se ama?

Nunca podremos ser felices estando en la iglesia solamente porque nacimos en ella, o debido a la presión social o por la familia. Todos esos motivos solo tienen algún sentido cuando el gran motivo es el amor de Cristo.

Nunca deberíamos olvidar que es posible cumplir las normas sin amar a Jesús, pero es IMPOSIBLE amar a Cristo y no obedecer sus normas.

El hombre rico se fue triste y no volvió más. Estaba listo para ser en apariencia un buen miembro de iglesia, pero no para entregar su corazón al maestro.

Ser, en apariencia, un buen miembro de la iglesia no quiere decir estar salvo. Es posible, en cierto modo, obedecer todo y estar completamente perdido.  Y tú, ¿estas dentro de la iglesia, y perdido?

 

Adriana Suárez Castillo,
Nos escribe desde la Ciudad de Mexico, actualmente es miembro de la iglesia de Monumento, perteneciente a  la misión Azteca, ella se desempeña como maestra de la división de infantes.

 

 
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