El amor tiene el extraño poder de cautivar. El amor engendra amor. Nadie resiste al magnetismo del amor. Todos nos sabemos el pasaje de Juan 3:16, “Porque de tal manera amo Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo aquel que en él crea, no se pierda más tenga vida eterna” Cristo nos amó de tal manera que lo mínimo que podemos hacer es amarlo también.
Pero, ¿Por qué el ser humano no consigue amar a Dios?A veces no entendemos lo que él hizo por nosotros. Constantemente decimos que él murió en la cruz para salvarnos, pero me temo que no entendemos plenamente lo que eso significa. Hemos oído con tanta frecuencia esa frase desde que éramos pequeños que posiblemente nos hemos acostumbrado a ella y ahora pudiera parecer insignificante.
¿Es posible estar dentro de la iglesia y estar, al mismo tiempo, perdido? Lamentablemente, si. Existen los que están perdidos haciendo lo que no deben cuando nadie los ve, pero también están aquellos que hacen todo correctamente, que cumplen aparentemente todo lo que la iglesia demanda; que viven preocupados solamente por los detalles externos de los reglamentos y las normas, pero que están igualmente perdidos.
Pero moisés dijo al pueblo “No temáis, manteneos tranquilos y veréis la salvación que el Señor os dará. Porque esos egipcios que hoy veis, nunca mas los veréis. El Señor peleará por vosotros. Estad tranquilos.”
Para mi hablar de fe es muy importante y que requiere mucha atención. Las palabras de moisés que están registradas en el éxodo 14:13,14 son palabras que como registra el apóstol Pablo es la “certeza de lo que es espera, la convicción de lo que no se ve”. Recordemos que Israel estaba en un país como cautivo y algunos ya se habían adaptado a las costumbres de Egipto.
A CADA UNO le gusta saber que es amado y valorado. Sin embargo, una personalidad atrayente no se logra consiguiendo cosas, habilidades o posiciones de poder. Se obtiene al descubrir la voluntad de Dios y su propósito para nuestra vida, y cumplirla: Proverbios 16: 7 dice: "Cuando el Señor aprueba la conducta de un hombre, hasta con sus enemigos lo reconcilia".* Perfeccionar nuestra personalidad y desarrollarnos no solamente es necesario, sino que además es requisito del evangelio.